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GEOMANCIA Y BIOLOGIA DE LA CONSTRUCCIÓN
Todos los seres vivos en este mundo están supuestos a influencias que resultan de un entorno cósmico y terrestre. Así la tierra oscila en una frecuencia extremadamente baja, de 7,83 hercios, que a penas se nota. A esta vibración nos hemos adaptado en los millones de años de evolución.
Hace solamente unas decenas de años, todavía existía la costumbre entre algunos agricultores, que antes de construir una casa se debía enviar a su ganado a la tierra donde planificaba construirla, para observar su comportamiento. Si los animales se mostraban inquietos y nerviosos, la decisión era la de no construir la casa en aquella pieza de terreno. Se buscaba entonces un espacio donde las vacas comieran tranquilas, y se controlaba donde se ponían a dormir, ya que este lugar era el mejor para ubicar el dormitorio de la nueva casa. Se sabía que las vacas tenían un “sexto sentido” para saber donde era una buena zona para construir una vivienda. Hoy en día la mayoría de las urbanizaciones nacen en los tableros de dibujo de arquitectos o planificadores urbanos – lejos de la naturaleza. En consecuencia hay muchas personas que viven encima de campos de radiación como vetas de aguas o canteras de roca (bajo tierra), los cuales con el tiempo no solamente no son positivos, sino que pueden a llegar de dañar la salud.
Por tanto, antes de encargar un proyecto para una nueva casa o comenzar la construcción de una vivienda, se tendría que hacer un análisis geomántico, sobre todo para no ubicar las habitaciones de los niños o los dormitorios encima de estas zonas perturbadoras. Si además de esto existen cargas (electromagnéticas) por “electrosmog”, se desarrolla una mezcla de frecuencias que puede dañar el cuerpo de una forma permanente. Considerando que estamos, más o menos, una tercera parte de nuestra vida en la cama, se hace evidente la necesidad de realizar este estudio previo.
Ya hace mucho que las investigaciones en esta dirección han comprobado que una estancia larga sobre estas zonas perturbadoras y/o los efectos del “electrosmog”, llevan a poner el cuerpo humano fuera de su equilibrio natural con lo que se pueden manifestar síntomas como cansancio, alergias, insomnio y hasta enfermedades crónicas.
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